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Dietas: Qué funciona y qué no

Dietas: Qué funciona y qué no

Podría haber tantas dietas como seres humanos hay en el planeta pues el cuerpo de cada individuo es diferente con necesidades distintas. Y, aunque no hay tantas dietas, la realidad es que sí existen muchísimas y todas afirman que funcionan y que son la mejor opción.

No obstante, es muy bien conocido que por lo general una persona a régimen pierde peso por un tiempo pero a la larga es factible que lo recupere o que simplemente se quede estancada en un cierto peso sin haber llegado al ideal. ¿Por qué sucede esto? ¿Es culpa de la persona en cuestión por falta de voluntad y por ceder a sus antojos? ¿O simplemente es un sistema que por su diseño intrínseco está destinado a fracasar?

¿Qué sí funciona?

Lo primero que hace una dieta es limitar y restringir ciertos alimentos: si es alta en carbohidratos eliminará la grasa y viceversa; si es alta en proteína dejará de lado los dos primeros grupos alimenticios. Sin importar qué tipo de dieta sea, al principio la gente comienza a perder peso pues elimina de su alimentación gran parte de los alimentos que le hacen daño como azúcar, comida procesada y harinas refinadas.

¿Qué no funciona?

Sin embargo, con el tiempo la persona se cansa de esta limitación y extraña esos alimentos que le hacían feliz y que su cuerpo comienza a pedir –casi exigir-, y entonces se descarrila dándose un atracón…O, en el caso de que sí logre terminar la dieta con éxito y perder esos kilos de más, opta por dos opciones: 1) Vuelve a sus antiguos hábitos de comer y eventualmente recupera los kilos perdidos; o 2) Continúa con la misma dieta por un tiempo más prolongado con lo que puede sufrir malnutrición.

¿Cuál es la alternativa?

  1. Aprender a comer: Centrarnos más en nutrir nuestro cuerpo que en las calorías que consumimos es básico. Alguien que come de manera natural, balanceada y nutritiva definitivamente llegará a su peso ideal tarde o temprano y, de paso, tendrá una salud integral.
  2. Escuchar a tu cuerpo: Las dietas son generalistas mientras que la decisión de qué nos hace bien y qué nos daña es sólo nuestra. Tal vez a alguien le funcione ser vegetariano, pero si mi cuerpo me pide carne, entonces debo elegir la de mejor calidad y comerla con conciencia.
  3. Ser flexible: Nuestras necesidades cambian con la edad, con la estación del año, con las circunstancias que estamos viviendo. Ser radical e inflexible es dañino para el cuerpo pues somos seres en constante cambio y debemos honrar eso.

Así que empezar una dieta o un programa de desintoxicación no es malo pues puede hacernos cambiar de hábitos; sin embargo tener la visión de qué queremos para nuestro cuerpo a largo plazo tal vez nos haga replantearnos cuál es la dieta ideal o qué alternativas tenemos que sean más adecuadas.

Imagen: Pixabay

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