Ya sea por razones de trabajo, por falta de tiempo o de espacio las parejas uruguayas prefieren postergar la paternidad o deciden tener un solo hijo. Lo que, además, influye en que Uruguay sea un país con poca población infantil (y la población no se incremente) al contrario de lo que ocurre en el resto de Latinoamérica.
Esta tendencia, que ya ocurre hace varios años, da como resultando una gran cantidad de hijos únicos. Según las creencias, un hijo único tiene a ser a ser más consentido y sobreprotegido por los padres y; por otro lado, tiene problemas para relacionarse con otros niños por la falta de experiencia en relaciones sociales dentro del hogar.
Es decir, se dice, que estos niños pueden convertirse en adultos egoístas, inadaptados e infelices. Pero, al mismo tiempo, existe la teoría que estos niños destacan más en los estudios y no son buenos para las actividades físicas.
Puede ser, que en algunas cosas exista algo de razón que puede ser incluso comprobada, en especial es hecho de ser mejores estudiantes, debido a que tienen mayor atención de parte de los padres. Pero, como todo lo que esta relacionado con la crianza de los hijos, todo depende de cómo se maneje la situación.
Para educar a un hijo único, se debe procurar que el niño comparta con otros niños desde muy pequeño. Para ello se puede optar con inscribirlo en una guardería o llevar niños (de los parientes o amigos) a la casa para enseñarle a compartir sus juguetes y su espacio.
El haber decidido tener un hijo único, por el motivo que sea, y alguna veces sentir que de todas maneras no se le da el tiempo necesario al niño; hace que los padres tiendan a sentirse culpables por ello. Lo que hace que lo saturen de atenciones y mimen excesivamente al niño para tratar de compensar esta sensación de culpabilidad. Este es uno de los mayores errores, porque están evitando que el niño desarrolle su independencia. Por lo tanto, se debe tratar de controlar este impulso de sobreprotección.
Finalmente, se debe tener en cuenta que el ser hijo único no significa, de ninguna manera, una limitación. Un hijo único es un niño como cualquier otro, sólo que mucho depende la forma en que se lo eduque para que su integración social y su independencia no se vean disminuidas mientras va creciendo.












