Es normal que las muchas ocupaciones, que las mujeres tenemos encima en estos tiempos, terminen por agobiarnos. Entre los hijos, las labores de casa y el trabajo terminamos con los nervios de punta, y corremos el riesgo de enfermarnos o saturarnos demasiado.
Nadie niega que tengamos mucho que hacer durante el día, y que no es nada fácil; pero más allá de las tensiones externas, que pueden variar según la urgencia o importancia, tenés que detenerte un momento a pensar si no sos vos misma la que se exige de más.
Para revisar si tal vez sea buena idea modificar tus prioridades y examinar tu agenda, si sos de las que tiene más obligaciones de las que se pueden controlar en un día, terminarás por hacerte adicta al trabajo y a la adrenalina que induce el sentirse importante.
Si te enfermas o sufres accidentes constantemente, puede ser debido a que el estar todo el tiempo a mil, consigue inhibir tu sistema inmunológico, haciéndote propensa a resfríos o gripes; y además, disminuye tu nivel concentración, exponiéndote a accidentes domésticos o incluso a algunos más graves si conducís un automóvil, por ejemplo.
Para evitar sufrir un ataque de estrés, con sus respectivas complicaciones (gastrointestinales, cardiovasculares y en el sistema inmunológico), tratá de tomarte tu tiempo, prestándole atención a las pequeñas cosas de la vida diaria. No te esfuerces por hacer dos o más tareas al mismo tiempo, dedicale tiempo a una sola cosa por vez (esto además te hará concluir las tareas con mejores resultados).
Finalmente, si ya los tienes como parte de tu rutina, tratá de suprimir el café y el cigarrillo, y sustituirlos por hábitos más sanos como ejercicios físicos o momentos de relax.
En síntesis, cambiá tu forma de sobrellevar las presiones diarias, poniendo tu tranquilidad y tu salud como prioridad ante todo.
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