Vivimos en una sociedad donde todo es más fácil, más rápido, más accesible y más inmediato y en donde la norma es simplemente “más”: comida más rápida, comunicación más instantánea, productos más nuevos y artículos más caros.
Y no es que sea malo comprar cosas pues vivimos en un mundo material con necesidades y posibilidades de diversión; el problema reside en comprar de manera inconsciente y en hacerlo para cubrir otras necesidades, pues esto afecta tu calidad de vida de varias maneras:
- El comprar en exceso crea un amontonamiento en tu espacio vital que drena tu energía.
- Al comprar cosas que no necesitas o que no puedes pagar terminas con deudas que no valen la pena.
- Si no se compra con conciencia, se vuelve un ciclo sin fin que trae felicidad sólo momentánea.
Sin embargo, entre vivir austeramente como un monje tibetano y el convertirse en un consumidor compulsivo existe un punto medio de conciencia que puede ayudar a discernir si el comprar es algo positivo o negativo. Para esto, ofrecemos 3 sencillos consejos:
Valora lo que tienes
A veces el brillo de algo nuevo dura muy poco, lo damos por sentado y comenzamos a buscar algo mejor o su versión más nueva; este ciclo se vuelve vacío y sin sentido. Por esto el primer paso es detenernos a apreciar lo que ya tenemos en nuestras vidas pues honrar y disfrutar aquello que poseemos es lógico y sano.
Cuestiona si lo necesitas
Al igual que comemos azúcar para cubrir necesidades emocionales que no pueden ser resueltas así, de la misma forma a veces buscamos adquirir cosas para llenar vacíos profundos (una solución superficial y temporal). Para saber si este es el caso pregúntate: ¿Realmente necesito este producto? ¿Cuánta felicidad me brindará y por cuánto tiempo? ¿Es una necesidad material o emocional?
Regala lo que ya no necesites
Si después de responder dichas preguntas confirmas que efectivamente es algo que necesitas y te hará feliz, busca un artículo similar que puedas regalar o donar para hacer espacio en tu hogar y evitar que se sature: si compras ropa nueva regala la ropa en buen estado que ya no uses; si es un libro, dispositivo electrónico o juguete de tus hijos, haz lo mismo. De esta forma lograrás una armonía no sólo en tu casa sino también en tu vida.
Imagen: Pixabay












